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Animales exóticos en casa. El riesgo invisible de la próxima pandemia

¿Puede un animal de compañía exótico convertirse e un problema de salud pública? Del COVID-19 al hantavirus

El interés por tener animales silvestres como animales de compañía —desde reptiles hasta pequeños mamíferos exóticos— generado por las redes sociales crece constantemente. Pero la comunidad científica lanza una advertencia: el comercio y la tenencia de fauna salvaje pueden facilitar la aparición de nuevas enfermedades capaces de saltar de los animales a las personas.

Un reciente estudio internacional publicado en la revista Science concluye que los mamíferos comercializados tienen hasta un 50% más de riesgo de compartir patógenos con los seres humanos, y el riesgo aumenta cuanto más tiempo permanece la especie dentro del circuito de compraventa.

Por otro lado, se estima que alrededor del 75% de las enfermedades infecciosas emergentes tienen origen zoonótico, muchas de ellas vinculadas a fauna de origen salvaje. Este dato, lejos de ser abstracto, cobra relevancia cuando se analiza el volumen del fenómeno: solo en Europa, más de 500 millones de animales —domésticos y exóticos— conviven en los hogares.

Asimismo, un informe del Programa para el Medio Ambiente de la ONU (UNEP) en el que se analizan las causas fundamentales de la aparición y propagación del coronavirus y otras enfermedades zoonóticas, apunta al mascotismo de animales exóticos como uno de los siete causantes principales. El informe señala que el estrecho contacto entre humanos y especies de fauna silvestre dentro del comercio global, tanto legal como ilegal, para su uso como animales de compañía entre otros, puede facilitar el contagio de nuevos virus de animales a personas. Además, alerta sobre la necesidad de invertir en medidas preventivas y de detección temprana que eviten nuevas pandemias en el futuro.

El porqué del Listado Positivo

Ante este escenario, los Listados Positivos ofrecen ese enfoque preventivo necesario. Frente al modelo tradicional —que prohíbe algunas especies concretas—, este sistema invierte la lógica: solo se permiten aquellas especies cuya idoneidad como animales de compañía ha sido evaluada científicamente, teniendo en cuenta criterios de bienestar animal, seguridad pública y riesgo sanitario y medioambiental. Todo lo que no está en la lista queda automáticamente excluido.

Este modelo ya se aplica en varios países europeos y ha demostrado ser más claro, coherente y fácil de aplicar que los sistemas basados en prohibiciones parciales. Además, responde a un principio básico de salud pública: es más eficaz prevenir la exposición al riesgo que intentar gestionarlo una vez producido, además de más económico.

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